Por Segundo Chuquipiondo
A medida que la carretera se deshace en tierra y polvo, dejando atrás el último tramo de cemento entre Bagua Chica y Santa María de Nieva, una frase del conductor queda resonando como advertencia y como síntesis: “Esta es la única vía… por eso también la usan los mineros ilegales y el narcotráfico”. El camino hacia la comunidad nativa de Soledad no solo es un trayecto físico; es una radiografía del conflicto que atraviesan las poblaciones de la Amazonía peruana en pleno siglo XXI.
Desde allí, el viaje continúa por el río Santiago —Kanus, como lo llaman sus habitantes—, donde la Nación Wampís celebra diez años de un experimento político singular en América Latina: un gobierno indígena autónomo, con instituciones propias y una estructura que combina derecho ancestral, planificación territorial y resistencia organizada. En este escenario, el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampís (GTANW) ha otorgado un reconocimiento a la Alianza Cuencas Sagradas Amazónicas por su acompañamiento en la consolidación de este modelo.
Una década que cambió la política indígena en el Perú

Cuando fue creado en 2015, el GTANW parecía un desafío improbable para la política peruana: administrar colectivamente más de 1,3 millones de hectáreas en la Amazonía, sin pretender la secesión, pero sí la capacidad de decidir sobre su propio destino. Diez años después, su experiencia es estudiada por universidades europeas y norteamericanas y seguida de cerca por organizaciones internacionales como Rainforest Foundation, Tenury Facility, WWF, Terra Nova y Land Rights Now.
En la XX Asamblea Ordinaria, realizada del 27 al 30 de noviembre, los Wampís no solo repasaron su memoria institucional del primer decenio; también reconocieron a Wrays Pérez, vicepresidente de Cuencas Sagradas Amazónicas y primer Pamuk (jefe) de la Nación Wampís, por su visión política en la fundación de la autonomía.
El Charip: un sistema de autodefensa nacido del asedio

En el trayecto fluvial hacia Soledad, los puestos de control del sistema Charip aparecen como guardianes silenciosos. Este cuerpo de autodefensa indígena surgió en la comunidad Villa Gonzalo, cuando la minería ilegal irrumpió con maquinaria pesada, mercurio vertido en los ríos y hombres armados. Aquella amenaza desencadenó una reorganización interna que hoy es parte esencial del GTANW.
“Este sistema es clave para ejercer control sobre un territorio amenazado”, explica René Santiago, presidente de CHARIP. Tres puntos de vigilancia funcionan en el río Santiago. En uno de ellos, un guardia detiene la embarcación con gesto firme: lanza ancestral en una mano, binoculares en la otra. Solicita nombres, destinos, motivos. No es un ejercicio de fuerza; es un acto de supervivencia.
Autonomía, no separación
Los dirigentes Wampís insisten en desmarcar su proyecto de cualquier tentación rupturista. “No pedimos separarnos del Perú, sino convivir en el marco del respeto mutuo”, afirma Galois Flores Pizango. Su apuesta no es la creación de un Estado paralelo, sino la construcción de un espacio propio donde sus instituciones dialoguen —y, cuando es necesario, confronten— al Estado peruano.
Durante la Asamblea se proyectó un documental sobre la historia del Charip, se revisó el avance del Código de Justicia Wampís —un sistema híbrido que articula normas consuetudinarias y principios contemporáneos— y se evaluó el desempeño de la municipalidad de Río Santiago en el territorio. Al cierre, se entregaron reconocimientos a diversas instituciones y aliados indígenas y no indígenas.
Una lección incómoda para el país
Desde el corazón del territorio, la experiencia Wampís plantea una verdad que incomoda al poder central: mientras el Estado peruano enfrenta dificultades crecientes para frenar la deforestación, la minería ilegal o el narcotráfico, las comunidades indígenas demuestran que, con herramientas y respaldo, pueden proteger millones de hectáreas con una eficacia que desborda cualquier política pública.
El reconocimiento a Cuencas Sagradas Amazónicas no es un gesto ceremonial, sino la afirmación de una alianza que entiende la Amazonía como un sistema vivo y global. Lo que ocurre aquí no es solo un capítulo local, sino una respuesta tangible a la crisis ambiental del planeta.

Diez años después, la Nación Wampís levanta un mensaje que trasciende fronteras:
“Aquí seguimos. Aquí cuidamos. Aquí decidimos” expresó al finalizar la asamblea, Teófilo Kukush Pati.