Nuestra Alianza Cuencas Sagradas llegó a la COP30, realizada del 11 al 22 de noviembre de 2025 en Belém do Pará, Brasil, con las voces de 30 naciones y pueblos indígenas de Perú y Ecuador, y con propuestas concretas para la protección de la Amazonía. Aunque la COP no logró decisiones a la altura de la crisis climática, la fuerza, la articulación y la presencia de nuestros pueblos sí impulsaron avances clave en el proceso.
La COP30, la primera realizada en pleno corazón de la Amazonía, llegó cargada de expectativas: se esperaba que situara al bioma en el centro de la acción climática. Sin embargo, la versión final de la decisión “Mutirão Global” excluyó compromisos esenciales para detener y revertir la deforestación hacia 2030, tal como establece el párrafo 33 del Balance Global acordado en Dubái, y para avanzar hacia una transición global y colectiva fuera de los combustibles fósiles. Para nuestros pueblos, esto constituye una oportunidad perdida y confirma la urgencia de seguir fortaleciendo nuestro trabajo desde los territorios.
No obstante, gracias al trabajo colectivo de las organizaciones indígenas y de la sociedad civil, la negociación dejó avances importantes, para la agenda de los pueblos y nacionalidades indígenas, entre ellos:
- Reconocimiento histórico de los Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI) dentro del Programa de Trabajo para la Transición Justa, un paso crucial para garantizar sus derechos.
- Compromisos de fondos climáticos clave —el Fondo Verde para el Clima y la iniciativa Tropical Forest Forever Facility— para brindar acceso directo a financiamiento climático a los pueblos indígenas, quienes son los verdaderos protectores de los bosques, avanzando así en una demanda histórica.
- El TFFF se ha comprometido a destinar al menos el 20% de sus recursos a los pueblos indígenas.
- Referencias a los derechos, territorios y sistemas de conocimiento indígena en el texto final, aunque aún faltan decisiones operativas que permitan una implementación significativa.
En el plano político, Colombia elevó la ambición regional al promover la Declaración por una Amazonía Libre de Extractivismo y la Declaración de Belém para una Transición Fuera de los Combustibles Fósiles, esta última respaldada por más de 35 países.
Aunque estas iniciativas no fueron incorporadas en el texto final, marcan un precedente político significativo. El movimiento para dejar atrás los combustibles fósiles se está volviendo imparable.
La COP30 también fue testigo de una participación indígena histórica, con más de 5.000 representantes indígenas viajando a Belém. Para nosotros, esto representa un gran paso hacia una presencia indígena más fuerte y coordinada dentro de la gobernanza climática global.
En este contexto, nuestra Alianza llevó propuestas para la protección permanente de la Amazonía y el fortalecimiento de la economía indígena y del Buen Vivir. Nuestra delegación, conformada por líderes, lideresas y juventudes y responsables de diversas áreas, sostuvo un mensaje firme: no existe transición justa sin territorios vivos ni sin los pueblos que los cuidamos desde hace milenios.
Presentamos una de nuestras contribuciones más fuertes: la campaña #ZonasDeVida, que propone reconocer territorios esenciales para la estabilidad climática como zonas de exclusión de combustibles fósiles y declarar a la Amazonía como la primera Zona de Vida del planeta. Durante la COP30, avanzamos en la recopilación de adhesiones que se presentarán a los gobiernos amazónicos.
Asimismo, presentamos el Fondo Biorregional de las Cuencas Sagradas, un mecanismo diseñado para movilizar financiamiento directo, transparente y de largo plazo para nuestros territorios. Desarrollado mediante un proceso participativo, el Fondo refleja las prioridades de nuestras comunidades y fortalece nuestra capacidad para avanzar en la protección, la restauración y las economías indígenas basadas en el bosque.
El liderazgo de las juventudes amazónicas también fue determinante. Desde el Manifiesto de la Juventud Amazónica hasta los diálogos intergeneracionales sobre los derechos de la naturaleza, los jóvenes demostraron que no son el futuro: son protagonistas del presente, capaces de sostener agendas, renovar lenguajes y defender la vida con claridad política.
En las calles de Belém, la presencia de nuestros pueblos se hizo sentir con fuerza. Acompañamos la Marcha por el Clima y la Marcha de los Pueblos, movilizaciones multitudinarias que exigieron justicia climática, respeto a los territorios, defensa del agua y una Amazonía libre de combustibles fósiles. En una COP que evitó abordar la raíz de la crisis, desde nuestros territorios mostramos con claridad el camino que debe seguir la acción climática.
Nuestra Alianza también tuvo una presencia activa en prensa, entrevistas y espacios de alto nivel, llevando las voces de nuestros territorios a la agenda internacional. Fuimos parte de Amazonia Calling, una coalición global que difundió la Declaración Política de los Pueblos Indígenas de la Cuenca Amazónica y de todos los Biomas de Brasil para la COP30 y sus demandas centrales: protección territorial, zonas libres de extracción, financiamiento directo y participación efectiva en los procesos climáticos. En ese marco, nuestro presidente, Uyunkar Domingo Peas, participó en la conferencia de prensa de la campaña, reforzando el llamado por territorios vivos, financiamiento directo y una Amazonía libre de combustibles fósiles.
Si bien la COP30 no avanzó en compromisos globales que respondan a la crisis amazónica, dejó una certeza profunda: nuestros pueblos ya están marcando el camino. La solidez de nuestra gobernanza, el impulso de nuestras juventudes, la articulación territorial y herramientas propias como el Fondo Biorregional muestran que la transición justa empieza, y se sostiene, desde la Amazonía.
Desde Ecuador y Perú, nuestra Alianza reafirma su compromiso con territorios vivos, autonomías fuertes y un futuro donde la vida, y los pueblos que la defendemos, esté siempre en el centro.
Algunas fotografías de la participación:




