La Alianza Cuencas Sagradas Amazónicas trabaja en la creación de un mecanismo de financiamiento para el acceso directo a los pueblos indígenas y la protección de 35 millones de hectáreas de bosque.
Por Karla Maass
Frente a la convergencia de la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las crecientes tensiones socioeconómicas, resulta esencial consolidar y sostener los sistemas que garantizan el bienestar colectivo y la preservación de la vida en la Tierra. Esta urgencia se vuelve particularmente evidente en la Amazonía, uno de los grandes sistemas ecológicos del planeta, cuya integridad es determinante para la estabilidad climática global, los ciclos hidrológicos y la diversidad biocultural. Diversas evaluaciones científicas señalan que el bioma amazónico atraviesa un proceso de degradación creciente, marcado por la deforestación, los incendios, la expansión de actividades extractivas y los impactos del cambio climático, que debilitan su integridad ecológica y lo acercan a umbrales críticos de transformación ecosistémica, llegando incluso a su punto de no retorno¹. En este contexto, el papel de los pueblos indígenas ha sido determinante. La evidencia científica muestra que sus territorios presentan menores tasas de deforestación y que en ellos se concentra aproximadamente el 80% de la biodiversidad mundial, posicionándolos como actores centrales en la protección del bosque y en la estabilidad ecológica de la Amazonía².
Sin embargo, el financiamiento internacional que llega de forma directa a pueblos indígenas continúa siendo marginal, estimado entre el 1% y el 3% del financiamiento climático y ambiental global³. Esta cifra refleja la limitada proporción de recursos que efectivamente aterrizan en estructuras territoriales indígenas, incluso en un contexto en el que gobiernos y filantropía internacional han anunciado compromisos específicos para fortalecer los derechos territoriales y el liderazgo indígena en la protección de los bosques, incluyendo el Forest Tenure Pledge lanzado en la COP26 por USD 1.7 mil millones (2021–2025) y renovado en la COP30 por USD 1.8 mil millones para el periodo 2026–2030. Aquí se manifiesta con claridad una contradicción estructural: quienes desempeñan un papel determinante en la protección del bosque reciben apenas una fracción de los recursos destinados a su conservación.


En ese contexto, en los últimos años, se ha desencadenado un debate global sobre la urgencia de asegurar el acceso directo a financiamiento para pueblos indígenas y comunidades locales. En distintos foros e instancias financieras de carácter multilateral, incluidos aquellos vinculados al financiamiento climático y a la biodiversidad, se han incorporado referencias explícitas al acceso directo al financiamiento, gracias al impulso de las organizaciones indígenas y aliados. En ese marco, el Global Environment Facility (GEF), a través del Global Biodiversity Framework Fund (GBFF), establecido en 2023 para apoyar la implementación del Marco Mundial para la Biodiversidad de Kunming-Montreal, incluye un objetivo explícito de destinar al menos el 20 % de sus recursos a acciones lideradas por pueblos indígenas y comunidades locales⁴. Asimismo, nuevos instrumentos financieros han incorporado ventanas específicas para pueblos indígenas, como el Tropical Forests Forever Facility (TFFF), establecido en la COP30 y concebido como un fondo permanente para apoyar la conservación de los bosques tropicales a nivel mundial, que contempla destinar al menos el 20% de sus recursos a pueblos indígenas y comunidades locales, en reconocimiento de su rol en la protección forestal⁵.
No obstante, persisten barreras estructurales que obstaculizan el acceso directo de los pueblos indígenas a los recursos, incluidas exigencias financieras, administrativas y tecnológicas. Es crucial que las partes se comprometan a un proceso conjunto que requiere, por un lado, el fortalecimiento de capacidades y, por otro, un ejercicio de apertura y confianza con quienes han demostrado la efectividad de sus acciones para proteger sus territorios. Será esencial reconocer la legitimidad de las estructuras y mecanismos de gobernanza indígena como entidades capaces de garantizar resultados concretos, medibles y verificables, así como una gestión adecuada de los recursos.
En este contexto, es fundamental crear arquitecturas financieras territorialmente legítimas que combinen solidez técnica, transparencia, mecanismos de seguimiento, coherencia cultural y gobernanza indígena. Con ese motivo, la Alianza Cuencas Sagradas Amazónicas, compuesta por 28 organizaciones indígenas y de la sociedad civil, viene trabajando desde 2024 en el diseño de un mecanismo financiero de carácter biorregional que canalice financiamiento directo a los pueblos indígenas para proteger 35 millones de hectáreas de bosque amazónico, así como para la defensa territorial, la economía indígena, la implementación de los Planes de Vida y el Buen Vivir. Se trata de un camino construido desde abajo hacia arriba, a partir de la escucha, el diálogo y la cocreación, que coloca la gobernanza indígena como eje rector y fundamento del diseño.
Más que un fondo adicional, este mecanismo es una herramienta innovadora que canaliza recursos hacia la regeneración integral de un territorio específico, sus bosques, ríos, culturas y economías locales, en lugar de financiar proyectos aislados. A diferencia de otros fondos, los Mecanismos Financieros Biorregionales adoptan una visión de largo plazo y de múltiples capitales, valorando simultáneamente la integridad ecológica, el bienestar social y la sostenibilidad económica, y articulando portafolios de inversión integrados con miras a restaurar ecosistemas, fortalecer la resiliencia territorial y activar bioeconomías regenerativas a escala de paisaje.

Por último, es clave que, si la comunidad internacional reconoce el papel de los pueblos indígenas en la protección de la biodiversidad y la estabilidad climática, el sistema financiero responda en consonancia. No basta con ampliar compromisos; es indispensable abrir ventanas específicas, flexibles y pertinentes a la gobernanza y a la realidad organizativa de los pueblos indígenas. También es clave asegurar que la contabilidad dialogue con el hacer territorial y que los estándares financieros no desplacen las prioridades definidas desde los territorios.
Cuando el financiamiento se articula con los sistemas de vida del bosque en pie, deja de ser un flujo abstracto de capital y se convierte en una herramienta concreta para sostener la vida, fortalecer la justicia territorial y preservar la Amazonía para las generaciones futuras.
Referencias bibliográficas
- Science Panel for the Amazon (2021). Amazon Assessment Report. United Nations Sustainable Development Solutions Network. https://www.theamazonwewant.org
- IPBES (2019). Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services.
- Forest Tenure Funders Group (2022). Funding Indigenous Peoples’ Tenure and Forest Management in 2020–2021.
- Global Biodiversity Framework Fund (GBFF). 2023.
- Tropical Forests Forever Facility (TFFF): Concept Note presentada en la COP30. Presidency of COP30 / Ministério da Fazenda, Brasil.