Por Bryan Ludeña y Karla Maass, Responsables de Comunicación e Incidencia Internacional de la ACSA
La Alianza Cuencas Sagradas reafirma su compromiso con la protección de la Amazonía, la autodeterminación de los pueblos y la generación de alternativas desde los pueblos para garantizar territorios libres de extractivismo y una economía regenerativa y transformadora.
Puyo, Ecuador – agosto de 2026. La Alianza Cuencas Sagradas Amazónicas respalda los acuerdos y llamados recogidos en la Declaración de Puyuk, resultado del proceso del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), que reafirma la defensa de la Amazonía como territorio de vida, la libre determinación de sus pueblos y la urgencia de detener las actividades extractivas que amenazan sus territorios y ecosistemas.
La Declaración, construida desde un proceso colectivo y multiactor a través de las temáticas de trabajo, reitera que la Amazonía se acerca peligrosamente a un punto de no retorno y por tanto, se encuentra en un estado de emergencia. Frente a esta realidad, los pueblos y organizaciones reunidos en la ciudad de Puyo exigieron el reconocimiento de los territorios amazónicos como zonas de exclusión extractiva, lo que implica detener la expansión de la frontera petrolera, dejar el crudo bajo tierra y revertir concesiones mineras y petroleras. Asimismo, reivindica la Amazonía como un territorio vivo y llama a fortalecer la autonomía y libre determinación de los pueblos mediante el control territorial, la justicia indígena y sus propias formas de protección de los territorios.
Para la Alianza Cuencas Sagradas, este mandato confirma que proteger la Amazonía requiere ir más allá de detener las amenazas: necesitamos fortalecer la capacidad de los pueblos para decidir, gobernar y construir el futuro de sus propios territorios.

Zonas de Vida: de la resistencia a la autodeterminación territorial
Ante la urgencia de proteger la Amazonía y la insuficiencia de las respuestas de los Estados panamazónicos, es fundamental avanzar hacia el reconocimiento de la Amazonía como una Zona de Vida del planeta: un territorio donde la protección de la vida, la biodiversidad y las culturas amazónicas prevalezca frente a la expansión de las actividades extractivas. Las Zonas de Vida se construyen desde el ejercicio de la autodeterminación y la gobernanza propia de los pueblos, expresando la decisión de proteger sus territorios y sostener las condiciones que hacen posible la vida.
Las Zonas de Vida no son solo territorios que buscamos proteger por su rol a nivel local y global. Sino que son territorios vivos que han sido gobernados, cuidados y reservados por los pueblos para el buen vivir y la vida de las futuras generaciones
Por ello, el llamado es a fortalecer los procesos de autodeclaración de Zonas de Vida, reconociendo que en ese esfuerzo deben respetarse los sistemas de gobernanza y mecanismos propios de cada pueblo o nacionalidad.
Avanzar en los procesos de autodeclaración constituye un mecanismo efectivo para construir un territorio reconocido a nivel global y construido desde los pueblos y es, sin duda, una puerta de entrada para impulsar garantías jurídicas que aseguren la protección territorial. Además, la autodeclaración de Zonas de Vida se suma a la creciente tendencia de actores y movimientos que promueven la creación de zonas libres de combustibles fósiles o áreas de exclusión en los planes de transición energética que los gobiernos deben implementar en respuesta a la crisis climática y de soberanía nacional. Sin duda, si no se formalizan estas acciones, las acciones a nivel local seguirán tomando forma.
No hay protección territorial sin alternativas para la vida
El FOSPA XII también dejó claro que enfrentar el extractivismo requiere construir y fortalecer alternativas económicas desde los territorios. La Declaración de Puyuk reconoce las Economías para la Vida como prácticas y relaciones económicas, sociales, culturales y políticas basadas en el cuidado de los ecosistemas, la dignidad, los derechos colectivos, la autonomía y los conocimientos y saberes propios de los pueblos. En este marco, fortalecer las economías indígenas y comunitarias e impulsar el acceso directo al financiamiento son condiciones necesarias para avanzar hacia modelos económicos que sostengan la vida y reduzcan la dependencia del extractivismo.
En ese marco, es evidente que el reconocimiento de las Zonas de Vida y el fortalecimiento de las Economías para la Vida deben avanzar juntos. Para que los territorios permanezcan libres de extractivismo, es necesario fortalecer las economías indígenas y comunitarias, la soberanía alimentaria, los conocimientos ancestrales y los mecanismos de financiamiento directo que permitan sostener otras formas de bienestar y prosperidad. Estas alternativas son fundamentales para una transición fuera de los combustibles fósiles que genere medios de vida y bienestar en los territorios, en lugar de reproducir nuevas formas de dependencia, colonialismo y despojo.
De Puyo a la acción
El XII FOSPA deja un mandato que debe trascender las declaraciones. Desde la Alianza Cuencas Sagradas Amazónicas reafirmamos nuestro compromiso de trabajar junto a pueblos, nacionalidades, autogobiernos, comunidades y aliados para transformar estos acuerdos en acciones territoriales concretas.
Frente al punto de no retorno, nuestra respuesta debe ser fortalecer la autodeterminación.
Frente al extractivismo, Zonas de Vida.
Frente a las economías que destruyen los territorios, Economías para la Vida.
Frente a la imposición de modelos externos, la gobernanza propia y el diálogo entre sistemas de conocimiento.
La Amazonía no es una reserva de recursos ni exclusivamente un bosque. Es un territorio vivo; de culturas, saberes y biodiversidad. Protegerla significa reconocer el derecho de sus pueblos a gobernarla, cuidarla y decidir sobre su futuro.
Las Zonas de Vida son una apuesta por ese futuro: territorios gobernados por sus pueblos, libres de extractivismo y protegidos para las generaciones presentes y futuras.